Al dar un paseo por Villada nos llamará la atención la amplitud de las principales calles, la presencia de varias plazas y plazuelas y cuidados jardines, la elegancia de sus iglesias, etc. Todo ello conforma un conjunto hermoso característico de las tierras castellano leonesas.
Los dos principales centros religiosos son las iglesias de Sta. María y la de San Fructuoso, centros entorno a los cuales se formó Villada. Aunque no se conoce la fecha exacta de contrucción de Sta. María (de la Era), se sabe que a mediados del XV ya existía como tal. De la antigua Iglesia poco queda dado que en 1927 un pavoroso incendio la destruyó casi en su totalidad. La iglesia fue rápidamente reconstruida gracias a las aportaciones de los vecinos y de villadinos ausentes. Lo más antiguo de ella que queda es la torre, del año 1783, y la capilla de Jesús Nazareno. En esta capilla podemos encontrar altares renacentistas, una figura del Santo Cristo yacente, muy venerado desde el siglo XVI, una Piedad probablemente de la escuela de Juan de Juni y un Jesús Nazareno, impresionante talla atribuible con toda seguridad a la Escuela de Berruguete.
San Fructuoso corrió peor suerte. Es más antigua y durante la ocupación musulmana sufrió varias devastaciones, lo cual unido a los efectos destructores del paso del tiempo hizo que pasara por diversas reconstrucciones. Esto ha hecho que apenas queden restos de la iglesia original que habría sido de las más antiguas de España. Cabe destacar la reedificación llevada a cabo en el siglo XVII a cargo del prelado D. Matías Moratinos. Su figura orante frente a lo que se supone que es su tumba lo recuerda. Según la tendencia artística de aquella época el ábside o capilla principal junto con el retablo del altar mayor y el presbiterio, son de estilo churrigueresco; su bóveda está decorada con yeserías barrocas y escudos heráldicos, destancando las armas de los Moratinos. La torre es del año 1770 y también de ese siglo el coro, la sacristía, que surge de la rehabilitación de la antigua capilla de S. Juan, y el entarimado del templo. El portico de la entrada fue edificado en el siglo XIX gracias a D. Carlos Casado del Alisal que también costeó el de Sta. María. La última restauración se produjo en 1994 sufragada por la Junta de Castilla y León.
Oculto tras el retablo del altar mayor está "El camarín de la Virgen", llamado así por tener una Inmaculada del siglo XVI, conocida como la Virgen de los Remedios, a la que le faltan las manos. Tiene un retablo churrigueresco, más antiguo que el principal, unos cobres muy interesantes y 5 cuadros en cristal.
Hay que destacar dos tallas: la figura del Cristo del Amparo, con toda probabilidad gótica, y una barroca de San Juan Bautista, ésta emplazada antiguamente en el hospital del mismo nombre que, ya en el siglo XVII, acogía a peregrinos en su viaje a Santiago. Desde 1890, Villada queda reducida a la parroquia de Santa María, contando como filial a San Fructuoso.
También caben destacar 2 ermitas, la del Cristo de la Era o Santo Cristo de la Magdalena, y la de la virgen del Río, y no debemos olvidar el Humilladero que junto al viejo puente de piedra alberga una imagen del Santo Cristo.
En estrecho lazo con la religiosidad se encuentran las fiestas y tradiciones. Villada siempre ha sido proclive a la fiesta y la celebración. Tradicionalmente, las fiestas mayores fueron las de Pascua del Espíritu Santo o Pascua Florida, Carnaval, el día de la procesión del Santo Crucifijo y la Nochebuena. La actual festividad de S. Luis Gonzaga empezó a celebrarse a finales del siglo XIX en sustitución de la de Pentecostés y está fijada el 21 de Junio, un poco antes de la Feria de San Juan, que se celebraba en otros pueblos de la comarca. Actualmente se celebran durante la época estival las "Fiestas del verano" aprovechando el buen tiempo, la numerosa afluencia de villadinos y visitantes de esta época y la notable participación de las peñas. El fin es intentar conservar las tradiciones y el folclore popular, a los que se unen exposiciones, teatro, conciertos musicales, verbenas populares, competiciones deportivas y originales concursos.
En cuanto a la gastronomía, cabe destacar el escabeche de besugo con lechuga, el bacalao al ajo arriero, el salmón y, sobre todo el lechazo asado. Antiguamente era tal la fama de éste que los sibaritas más pudientes pedían que se les enviara por ferrocarril los cuartos de lechazo asados acompañado por un puchero con la grasa y la salsa. En postres y dulces destaca el turrón de guirlache o de piñón, tan apreciado que era mencionado en la literatura española del siglo XVIII.