El origen de la Villa fue la donación al monasterio de Sahagún de san Fructuoso en el año 905, priorato que fue devastado durante la reconquista, para su reconstrucción y alrededor de éste fueron estableciéndose los primeros colonos.
Durante el siglo XII Villada quedó formada por los diferentes poblados aparecidos entorno a San Fructuoso pero estaba dividida en diversos señoríos. A mitad del siglo XIV se contaban en Villada diez señoríos seculares, más el monasterio, aunque los titulares pertenecían a la misma familia lo que derivó que con el tiempo todo terminara siendo propiedad de un solo dueño: D. Gonzalo Nuñez de Aza. Villada fue moneda de cambio para hacer frente a unas deudas contraidas por Dña. Berenguela Cabeza de Vaca, esposa de D. Gonzalo, con el Almirante de Castilla con lo que el destino de Villada se rigió por el de una de las familias más ilustres de Castilla.
La villa quedó unificada por D. Enrique Enriquez que consiguió en 1484 añadir el señorío de abadengo que pertenecía al Monasterio y además la hizo cabecera de su señorío. Gracias a la mediación de D. Enrique, sus sobrinos, los Reyes Católicos concedieron a la villa en 1477 la celebración de un mercado franco los miércoles, lo cual era un privilegio apreciadísimo ya que la población que disponía de él se convertía en un centro mercantil muy importante.
A partir de este hecho Villada comienza un desarrollo comercial que tiene uno de sus momentos álgidos en el siglo XVIII donde se llegaron a registrar 88 fábricas y 24 talleres y también un puerto seco de primera categoría. Con el Ferrocarril del Noroeste a finales del siglo XIX este desarrollo resurgió tras varias recaidas ya que permitió de forma extraordinaria los intercambios mercantiles.